27 mar 2010

Shinedown - What a shame


Dos cajetillas de cigarros al día
y el whisky más fuerte
que se produce en Kentucky:
ésa es la receta para hacer que un vagabundo
suplique sobre sus manos y sus rodillas.
Lo vi todo de cerca,
le conocí en profundidad,
vi una cara de él que nunca había mostrado,
llena de compasión por un mundo
que no lo dejaba en paz.

Ése es el hombre que era,
¿habéis oído suficiente?

Qué vergüenza, qué vergüenza,
juzgar una vida que no podéis cambiar.
El coro canta, las campanas tañen,
¿no le daréis a este hombre sus alas?
Qué vergüenza tener que suplicaros
para que veáis que no todos somos iguales.
Qué vergüenza.

La vida es dura
hasta para las cucharas de plata;
hay un toque de gris
para cada sombra azul:
así es como veo la vida.
Si nada estuviese mal,
entonces nada estaría bien,
y para este hombre trabajador
que dicen que apenas se tenía en pie
tiene que haber un lugar mejor,
algún remedio para un mundo
que no lo deja en paz.

Ése es el hombre que era,
¿habéis oído suficiente?

Qué vergüenza, qué vergüenza,
juzgar una vida que no podéis cambiar.
El coro canta, las campanas tañen,
¿no le daréis a este hombre sus alas?
Qué vergüenza tener que suplicaros
para que veáis que no todos somos iguales.
Qué vergüenza.

Dios, perdona las manos que te empujaron.
No sabían con qué fuerza
puede un corazón roto
romper el sonido y cambiar la estación.
Ahora las hojas caen más deprisa.
Afortunadamente, después de todo,
me diste esperanza con tu esfuerzo,
y ahora vivirás para siempre.

Qué vergüenza, qué vergüenza,
juzgar una vida que no podéis cambiar.
El coro canta, las campanas tañen,
¿no le daréis a este hombre sus alas?
Qué vergüenza tener que suplicaros
para que veáis que no todos somos iguales.
Qué vergüenza, qué vergüenza,
porque no todos somos iguales.
Qué vergüenza, qué vergüenza,
porque no todos somos iguales.

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